A propósito de que ya llegamos al 12 de octubre, me gustaría compartir una reflexión de cosas que vienen sucediendo, haciendo ruido y solo unos pocos nos estamos dando cuenta.

De hace relativamente poco tiempo a la actualidad, esta fecha se hace polémica puesto que mientras unos hablan de la conquista de América sin más, otros se dedican a escudriñar en una historia que tuvo lugar en el año 1492 (que se sepa), cuando ni soñaban nacer. Exigen justicia social, hablan inclusive de “reparo de daños”, indemnizaciones y demás.

Refrescan con todo detalle sobre los delitos que en efecto ocurrieron hace 529 años exactamente como: abusos sexuales, apropiaciones, robos etc. Sin embargo, ni por asomo hacen el mismo empeño por destacar las cosas positivas.

Y es que este odioso despliegue de superioridad moral ejercido en este día en particular, viene ocurriendo de forma discreta, pero a paso firme alrededor del mundo. Hace poco Justin Trudeau primer ministro canadiense, declaró que el 30 de septiembre se conmemorara el “día nacional para la verdad y la reconciliación” en honor y memoria de víctimas aborígenes de las residencias escolares de Canadá. Situación que –presumiblemente- tuvo lugar desde finales del siglo XIX hasta 1997.

Desde al menos dos años se vienen derrocando estatuas alrededor del mundo, y no precisamente de dictadores, sino de lo que la izquierda llama “blancos colonizadores” y todo aquello que sus seguidores entiendan que debe corregirse.

Y es que esto del revisionismo histórico que empezara en nuestra región en Colombia hace poco más de un año, se ha venido apoderando del mundo de forma solapada e indetenible, pero en lo absoluto casual o espontánea. Vemos ahora como marcas de comida han tenido que reinventarse, comerciales que han salido del aire entre otras cosas, debido a la presión de grupos de izquierda que exigen dichos cambios, y ¿por qué no decirlo? Falta de carácter del otro lado, puesto que, en casos de empresas privadas, está más que de sobra lo que un tercero pueda opinar.

Tampoco es casual que docu-series como “Colonia dignidad” estén saliendo a flote después de hechos ocurridos hace tantos años. ¿Necesario denunciar tamaña aberración? Absolutamente. Soy la primera en defender la denuncia como mecanismo necesario para primero llevar una cuenta aproximada a lo real de los delitos y segundo como parte del proceso legislativo. Si no tenemos idea de la magnitud del problema, poco atinadas serían las medidas que puedan buscarse eventualmente. Sin embargo, el guiño al comunismo fue clarísimo, y para nada coincidente, en especial en este momento álgido y complicado que políticamente hablando se vive en Chile.

En política absolutamente nada es espontáneo o casual. Todo es planificado, calculado y estratégico, y para entender esta ciencia tan apasionante, tener esta prerrogativa siempre en mente es vital.

Personalmente encuentro aburrido, atorrante y absolutamente nada constructivo desempolvar problemas de hace 100, 200 o 500 años atrás porque para problemas tenemos demasiados y suficientes, en especial uno desde hace dos años, el cual no hace falta nombrar.

Se pueden honrar personas, sanar heridas, enmendar situaciones sin alharacas, sin despertar o revivir resentimientos, en el presente y con hechos perfectamente, pero para ello tiene que haber de entrada la voluntad de ello y al menos en nuestros países, con dificultad podemos esperar que tan siquiera articulen de forma correcta un discurso. La ineptitud en la región cuando se trata de política es preocupante.

Por lo pronto seguiré celebrando el 12 de octubre recordando mi flamante puesta en escena con 7 años, cuando me tocó ser una de las indígenas en la escuela que recibiera a Colón, cosa que ahora mismo ni en chiste pudiera, por ser: blanca (en extremo) colonizadora, privilegiada y niña rica.

 

¡Hasta la próxima!

By: Jennifer Barreto-Leyva

CEO @politicaenfaldas & @politicsinskirtsAuthor | TV/radio host

 

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