El presente para algunos, unos días más que otros, puede llegar a agobiarnos, sin embargo, algo en lo que los seres pensantes, responsables y conscientes coincidimos, es que el futuro se pinta de un color negro que asusta.

Para quien como yo lleva la cuenta, poco a poco, de forma paulatina y sin pausa, los niveles de exigencia, respeto, educación, excelencia, profesionalismo, responsabilidad -y todo lo que entienda usted que deba agregarse a esta lista- bajan, y en algunos casos, están a punto de desaparecer, gracias a la degeneración que vivimos, la cual algunos catalogan como progreso.

Si nos hacemos un paseo por algunas Universidades, han eliminado exámenes de elegibilidad y algunas eliminaron todo requisito mínimo de exigencia, lo mismo comienza a verse en algunos colegios, lo cual marca un precedente bastante peligroso. Una oda a la mediocridad, a la falta de méritos. Una romantización a la flojera por toda la calle del frente.

En la actualidad te crucifican si como director de una escuela se te ocurre pedir se cumplan las normas mínimas de presencia del alumnado. Una generación que está creciendo con el culto de “hago lo que me da la gana”, sin estructura, sin normas, sin reglas.  De imaginar lo que nos espera con ellos se me pone la piel de gallina.

A nivel universitario ni hablemos. Me escandalizó leer recientemente, de unos estudiantes de comunicación social que estaban indignados porque su entrevistada, una señora que podría ser abuela de todos ellos, tuvo que corregirles el cómo pronunciaban su nombre correctamente y pedirles se le tratara de usted, entre otras cosas, todas terribles. Para mí es lo normal, y lo mínimo que debo dar como entrevistadora: formas y respeto.

Cuando echamos un vistazo en prensa, el circo en cuanto a identidades y relaciones afectivas es para salir corriendo: hombres maquillados, usando vestidos con “masculinidades deconstruidas”, mujeres abortando como si fuera eso hacerse un bronceado artificial, inseminándose solas para no tener que deberle nada a ningún hombre, 500 géneros distintos, gente “enamorándose” de otros como quien se cambia de camisa en una mañana de verano, ghosting, conversaciones íntimas publicadas en redes sociales ¡Auxilio por favor!

Cero compromisos en formar familia de parte de hombres y mujeres. Las notas en prensa de personas con parafilias y casándose con objetos se crece y la gente normaliza entre risas toda esta aberración con un “no me meto, total ellos no le hacen daño a nadie”. Así mismo cero responsabilidades al traer hijos al mundo.  Se acuestan con cuanta persona les provoca y si vienen hijos al mundo ¡Qué importa! No criamos bien al primero, y al octavo tampoco. Mientras la fábrica de hombres y mujeres rotos marcha a todo vapor.

Y pudiera seguir enumerando cosas, pero comprenda usted estimado lector, que no quiero agitarme yo, ni agitarlo a usted.

Tenemos ya entre nosotros, una generación de irresponsables, de personas sin arraigo, sin valores, ni estructura, gente de cristal viviendo entre “que tiene eso de malo” “eres un aleluyo” y “yo hago lo que me da la gana”.

Jóvenes que vienen de padres irresponsables –porque esto es una cadena– que prefirieron atestarlos de golosinas entre perreta y perreta, dejando su crianza a la tablet y el televisor, en lugar de enseñarles reglas, estructuras, valores, moral y respeto, tener tiempo de calidad, entre otras tantas cosas. Porque, aunque a muchos les genere alergia, son cosas que siempre deben estar presentes y nunca pasan de moda.

Hay uno que otro adulto, de esos que tiene como modus vivendi la poca vergüenza, que se ajusta a este estilo de vida desenfadado, árboles torcidos que ya no vale la pena enderezar.

Los padres que están criando hijos en la actualidad, tienen una ardua tarea, y repetiré mil veces esto: deben hablarles con la verdad, por incómoda y dolorosa que esta sea, porque vendrán terceros a usarlos, mentirles y a llenarles la cabecita de todo lo que está mal.

Pero, además, es vital que alguien muestre un poco de sensatez, porque usando las palabras de mi padre, así como estamos, no podemos seguir.

Pobre del futuro, un futuro mediocre, irresponsable, infantil, sin estructura, sin valores, un futuro cual veleta, que irá al ritmo que le marque la tendencia y conveniencia, cosa que sucede ya.

Corrija hoy, sea firme hoy, discipline hoy, ame con responsabilidad hoy, ponga límites hoy, sea responsable hoy, comprométase hoy.  Y no espere a mañana, que esas mismas manitas que usted evita o le da flojera educar y corregir, sean las mismas que le terminen dando un empujón o soltando una bofetada, en nombre de “mi cuerpo, mi decisión”. Evite que el día de mañana, su falta de determinación a la hora de formar a sus hijos, no se convierta en su peor castigo, cuando estos, sean “justicieros sociales”, pidiendo sean ustedes cancelados.

Pobre del futuro, un futuro pobre.

 

¡Hasta la próxima!

By: Jennifer Barreto-Leyva

 

CEO @politicaenfaldas & @politicsinskirtsAuthor | TV/radio host

 

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