A propósito de que acaba de finalizar el mes de la Hispanidad, me senté a reflexionar en lo reduccionista que puede llegar a ser esta celebración, que se limita a un mes, y mediáticamente hablando ni hablemos, puesto que se celebran solo aquellos Hispanos con más seguidores en redes, porque convienen y agradan al discurso, sin más.

Todos los años se limita esta celebración a publicaciones en redes por un par de días a felicitar a los nuestros en los Estados Unidos, y ya, pero somos sin duda mucho más que eso.

Al menos en la tierra de la libertad, nuestra contribución ha sido inmensa. Hemos influido en la gastronomía, en la cultura, en la música, hay calles y condados con nombres de Hispanos insignes, en la televisión y pare usted de contar. Por nombrarlo con brevedad y ligereza.

Pero si de influencias hablamos, me toca hablar con gran orgullo de la que más me emociona: los valores.


Los Hispanos hemos dado cátedra -sin hacer aspavientos- a lo largo de la historia, de la importancia de la familia, de la estructura moral indispensable para formar un hogar. Hemos mostrado desde el ejemplo, la necesidad y valía de la familia como base fundamental para una sociedad estructurada, fuerte y sana.

No han sido pocas las veces que por ejemplo he oído, o me han dicho directamente, la marcada inclinación que muchos caballeros tienen por preferir a una mujer Hispana para formar hogar, por sus valores, por su estructura moral y porque tienen la tranquilidad de que sus hijos serán criados de la mejor manera, sin mencionar que su hogar será muy probablemente formado con fuertes cimientes, propios de nuestra cultura.

Políticamente hablando, los Hispanos estamos dando una vuelta a la decencia más que necesaria, siendo los protagonistas de la conversación. La llamada ola roja, es un hecho, y somos nosotros quienes estamos haciendo que las cosas cambien, bien sea desde puestos políticos, o desde nuevos espacios en medios de comunicación.

Y yéndome un poco más al futuro cercano y lejano, me atrevo a vaticinar, que tendremos un rol fundamental gracias a esta revuelta horrenda que está dándole el progresismo al mundo, donde existe un claro y evidente ataque a la familia.

Solo aquellos que preservan con fortaleza sus valores y los promueven, son capaces de influir, sostener y ayudar a reconstruir, una vez pase todo el revuelo. Y así como todo en la vida, esta pesadilla de mal gusto también pasará, y seremos más que necesarios para la reconstrucción y llamado del buen vivir y la familia.

Creo firmemente que somos más que un mes, que una simple celebración.

La grandeza de mis orígenes la tengo siempre presente y la celebro los 365 días del año, de la única forma que se: comportándome con integridad, educación, altura, y decencia donde quiera que vaya. Honrando a los míos en presente, mientras lo pueden ver. Comportándome además con honorabilidad, porque las mujeres Hispanas por desgracia, tenemos estigmas terribles sobre nosotras, y sepan disculpar, pero no soy eso, y tampoco me representa.

De lo malo prefiero no hablar, porque no necesita más publicidad de la que tiene, y vaya que tiene ¡Madre mía!

Mi invitación es a no quedarnos con solo un mes simbólico y a extender el orgullo y cuidado por lo que somos en todo lo que hacemos. Al final, eso es lo más importante y será lo que quede.

¡Hasta la próxima!

 

By: Jennifer Barreto-Leyva

CEO @politicaenfaldas & @politicsinskirtsAuthor | TV/radio host

 

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